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Dos pequeños pueblos del noroeste de Tierra de Campos

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A menos de cien kilómetros de la capital se sitúan dos pueblos típicos de la comarca: Castrobol y Castroponce.

Castrobol tiene larga historia; se cree que el lugar ya estuvo habitado en tiempos prehistóricos, como lo sugieren algunos restos líticos hallados en las proximidades. Se cree también casi con certeza que en su entorno existió alguna fortificación; de eso se tratarían los restos que aparecen en las colinas cercanas.

Una visita obligada en Castrobol es la iglesia parroquial, dedicada a San Salvador. Es un edificio mudéjar de una sola nave, con arco de medio punto; su retablo mayor es de estilo rococó, del primer tercio del siglo XVI. La torre es de piedra y ladrillo y de cuatro cuerpos. Además, hay quienes aseguran que dentro del término del municipio se conservaban los restos de una ermita en el teso conocido como de Santa Engracia. Su fiesta más destacada es el 3 de febrero cuando se celebra a San Blas.

El otro pueblo de visita obligada en sus vacaciones por Valladolid es Castroponce de Valderaduey, que  tiene también un origen remoto, como lo atestiguan diversos asentamientos celtibéricos y romanos que se han descubierto en su término, como el yacimiento prerromano localizado en el Cerro de la Fortaleza; de este castillo no queda vestigio alguno, y lo mismo sucedió con una iglesia dedicada a San Miguel. Como monumento valioso, Castroponce tiene la iglesia parroquial dedicada a la Asunción de la Virgen.

Es un edificio de ladrillo, adobe y mampostería, que data del siglo XVII, con tres naves separadas por arcos de medio punto. Las imágenes son obra del conocido escultor Tomás de Sierra. Algunas fiestas tradicionales aún se conservan. En Navidad realizan la corderada, y en la víspera del Corpus cortan un pino en las afueras del pueblo y colocan sus ramas en las ventanas de las jóvenes a las que cortejan.

Fotos Vía: Panoramio por Ricardo Melgar y Alfredo Blanco del V…


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